Aquiles se distraía de la cólera que empezaba
y tituló,
primero,
la Ilíada,
cantando en su tienda,
para su amigo
íntimo,
las gestas de otros héroes
peores,
se acompañaba con la fórminge (¡su clavijero
de plata!)
que había robado en Tebas Hipoplacena (allí
ganara
también
a Criseida,
la echaba tanto de menos, la usaba
ahora
Agamenón (tenía el generalísimo los ojos
de perro, y de ciervo
el corazón).[1]
¡Aquiles
flamenco, pulsando (¿delicadamente,
con rabia?) las cuerdas de aquella especie de
guitarra
sin caja!
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