Teseo
retiró la piedra. Etra
aplaudió. --¡Mozo, el forzudo!
Son el alfanje
y los coturnos
las prendas que te dejara Egeo,
el rey del Ática. Iba
resacoso, el pobre,
aquella mañana. ¿Querrás
saber
tus principios, cómo te comenzaste?
Digo primero Trecena y Esfera,
los teatros de los ayuntamientos
más o menos nerviosos
del papá (del papá)
y de mamá.
Numismática. Abro
el saquito de trapo.
Vuelco la calderilla
encima de la mesa. Son
chavos trecenos.
Coge uno. ¿Cara o cruz? Cara.
Está viejo (lo han gastado
tres mil años de lluvias
y soles)
pero el cobre ha aguantado el envite.
Cara. Mira. La boca
y los ojos...de pescado. Los rizos
de la barba, de la melena. Es
el dueño de los mares. Cruz.
Su tenedor.
Geografía.
Trecena fue
(es aún) villa marinera,
con las ventanas al golfo Sarónico.
Frontera del puerto, y a un paso
tiene un morro que según venga
el año, la estación, la hora
del día, las corrientes
y la marea
es isla o peñíscola. Esfera,
llamaban al lugar,
en honor de un auriga legendario.
Tiene Trecena por patrones
a Poseidón
y a Atenea. Ella teje y desteje
intramuros. Puertas afuera
y en mojado él puede más.
Aquí sirve Atenea de alcahueta
de la infanta. Si en sueños
te visita la Virgen,
el yelmo en la cabeza y delantal
de cuero de cabra, con un recado,
¿no obedecerás inmediatamente?
A Etra fue y le dijo:
--Porque Esfero guiara
el carro de Pélope lo enterraron
con mucha ceremonia
en la isla vecina.
Hoy descuidan su sepultura.
Levántate enseguida
y honra al héroe.
Legañosa, juntó
todo lo que necesitaba
para las libaciones
y cruzó el estrecho (el agua
por la cintura).
En la otra playa la esperaba
Poseidón. La atrapó
en sus redes, y la pinchó.
De aquellos abrazos escurridizos
nació
Teseo.
No. Egeo (chivo) casó
con una
que no le daba prole,
y la repudió. Hubo
segundas nupcias,
y tampoco ahora lograba
multiplicarse.
Le puso cirios a Afrodita,
en Atenas. Acudió a Delfos.
Allí, en el ombligo
del mundo, la Pitia, drogada,
balbuceaba.
Su trujimán volvió al romance
el oráculo. “No desates
la
boca del pellejo
hasta
que vuelvas a la Ciudad Alta.”
Qué querría decir. Egeo
paró en Corinto,
fue a la consulta de Medea.
La bruja prometió
que le procuraría descendencia
con sus hechizos
si él,
a cambio,
le aseguraba asilo en Atenas
cuando las suertes de su vida
la arrastrasen hasta allí. ¿Ves? Egeo
iba sumando favores de santos
y santones. Para ir a Trecena
se desvió todavía otro poco
para ver a Piteo,
que tenía justa fama de sabio.
Piteo comprendió enseguida
el sentido derecho del oráculo,
pero no se lo reveló a Egeo.
No, va a sacar provecho
de lo que sabe.
Su hija Etra se había quedado
compuesta y sin novio. Ningún
vecino
la tomaría por esposa
así, de segundas. Piteo
hospedó al rey ático
en su casa. La sangre azul
no abunda.
Piteo regó la cena con vino
sin aguar (desatado
el pellejo que lo guardaba).
El mosto meneó a Egeo,
y a la noche se entró
en el dormitorio de Etra
y vació en la niña
sus humores. Cuando acabó
la muchacha se lo quitó de encima
con asco
(echaba un tufo
chotuno)
y corrió a lavarse a la playa.
Fue nadando hasta la isla de Esfera.
Pues en la arena tuvo trato
con Poseidón.
Como no fuera así,
así.
En Trecena la novia
pasa las vísperas
de sus bodas en la isla de Esfera.
El barquero acerca al forastero
a la orilla, y la abadesa
lo entra en la capilla
que dedican a Poseidón.
El extraño alivia su gana,
paga el servicio
con tres pesetas tridentinas
y se va. Con eso gana la niña
la dote,
y una limosna la iglesuela.
Pues esto pasó Egeo con Etra,
la infanta de Trecena.
Aunque Etra no se casó,
después.
A Teseo lo concibió
Etra del cabrón o del pez,
del cabrón y del pez. Salió
del amor escupiendo
la cerda del rey, las escamas
del dios.
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