miércoles, 25 de diciembre de 2013

IX. sus ricas cadiras




        Penélope tenía su sillita
de reina.
        Homero emplea cuatro hexámetros
        para contarla.
        La fabricó érase
una vez
con mucha curiosidad
        maese Icmadio, mecánico real.
        Llevaba guarniciones de plata y marfil,
        un vellocino (pero no aquél,
el de oro,
que buscaban los Argonautas en otra novela)
        cubría el asiento
        y había fijado,
        en su base,
        el escabel,
        para que descansara en él sus piececitos
perfectos
        su dueña.[1]

        Artemisa tiene
        en el Cielo
        trono de oro muy aparatoso,
        con gradas y dosel,
que la apellida
y que,
me parece a mí,
tolera poco la brava,
la montesina
(culo
de mal asiento).[2]


[1] Homero, Odisea, XIX, 55 – 58.
[2] Homero, Ilíada, IX, 533; Odisea, V, 123.

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