Del paisaje de la isla de Eea
sólo aprendemos
de Homero
que Circe ha levantado su palacio
en medio de un encinar
espesísimo.[1]
Allí
bellotean, golosos, sus gorrinos
(aquellos marineros
encantados).
Pero la encina es palo
santo,
y el monte pardo
hace a veces de
alegre convento para dríadas y hamadríadas
que toman, del árbol,
el nombre
y su estupenda naturaleza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario