miércoles, 25 de diciembre de 2013

VIII. Encinas



Del paisaje de la isla de Eea sólo aprendemos
de Homero
que Circe ha levantado su palacio
en medio de un encinar espesísimo.[1] Allí
bellotean, golosos, sus gorrinos (aquellos marineros
encantados).

Pero la encina es palo
santo,
y el monte pardo
        hace a veces de alegre convento para dríadas y hamadríadas
que toman, del árbol,
el nombre
y su estupenda naturaleza.


[1] Homero, Odisea, X, 148 – 150.

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